Soy la suma de todas las personas que amé y que me amaron.
Cada abrazo, cada palabra, cada despedida…
vive en mí de alguna forma.
No somos solo lo que hemos perdido,
también somos lo que nos ha tocado con amor. Aprendemos que las personas que amamos
no desaparecen:
se quedan en los gestos, en la voz, en la forma en que cuidamos a otros. Somos memorias vivas, hechas de amor y de presencia.