
En el verano de 1989, Thomas Riley viajó a un pequeño pueblo
costero de Irlanda buscando descanso.
Llevaba consigo una vieja cámara fotográfica, un diario de cuero y una
mochila con ropa ligera para sus días. Su intención era pasar una semana
explorando paisajes verdes, castillos olvidados y acantilados que parecían
tocar el cielo. El pueblo llamado Dulin era conocido por sus leyendas
sobre portales invisibles y desapariciones que pocos se atrevían mencionar.
Thomas escuchó esas historias con curiosidad, creyendo que solo
eran cuentos para atraer turistas a la región costera. La mañana del
cuarto día decidió caminar solo hacia unas ruinas antiguas situadas al
borde de un acantilado imponente. El cielo estaba cubierto de nubes grises
y un viento frío golpeaba su rostro mientras avanzaba por senderos estrechos.
Al llegar a las ruinas, sacó su cámara y comenzó a tomar fotografías
de las piedras cubiertas de musgo. De repente notó un leve zumbido
en el aire, como si viniera de todas partes y ninguna al mismo tiempo
. Sintió un hormigueo recorrer sus manos seguido de un destello blanco
que le obligó a cerrar los ojos fuertemente. Cuando los abrió, el cielo
estaba despejado, el aire más cálido y las ruinas parecían recién
construidas sin señales antiguas.
Confundido, Thomas caminó por el sendero de regreso,
pero el pueblo no estaba donde lo recordaba unas horas antes.
En lugar de casas modernas, encontró chosas de piedra y personas
vestidas con ropas que parecían sacadas de siglos pasados.
Pensó que había tropezado con una recreación histórica,
pero el lenguaje y la actitud de la gente parecían
completamente reales.
Al acercarse a una mujer para pedir ayuda,
ella lo miró con miedo y corrió sin decir palabra alguna.
Decidió alejarse rápidamente, pero cada camino lo llevaba
a lugares desconocidos, sin señales ni carreteras que recordara
del mapa. El sol comenzó a ocultarse y un grupo de hombres
armados con lanzas lo rodeó hablándole en un dialecto extraño.
Intentó explicar que era un turista,
pero ellos lo arrastraron hacia una cabaña de madera
con olor a humo. Pasó la noche encerrado escuchando
susurros y pasos afuera, sintiendo que algo incomprensible
estaba ocurriendo a su alrededor. Al amanecer la puerta se
abrió y un anciano le dijo inglés arcaico que había cruzado el velo.
El anciano explicó que en ciertos lugares el tiempo
no seguía las reglas humanas y que él había cruzado sin querer.
Thomas no entendía nada, pero aceptó seguirlo hasta un claro en
el bosque donde había piedras formando un círculo. Allí el anciano
le entregó una pequeña piedra tallada y le pidió esperar a que el viento
cambiara de dirección.
Horas después, una luz brillante apareció
en el centro del círculo y Thomas sintió nuevamente
el zumbido en sus oídos. Cuando abrió los ojos, estaba
de pie frente a las mismas ruinas, pero todo parecía normal
y silencioso. Pensó que solo habían pasado minutos, pero al
regresar al pueblo nadie lo reconocía y las calles eran diferentes.
Entró un café buscando respuestas, pero al ver el calendario
casi se desmayó. Estaba en el año 2024. Su corazón latía con
fuerza mientras leía la fecha una y otra vez. incapaz de creer lo
que estaba viendo, preguntó por su nombre en internet y descubrió
que había sido declarado desaparecido hace 35 años.