Misael, un niño de apenas 12 años no se quedó esperando con los brazos cruzados. Sin tener una caña de pescar, se las ingenió para meterse al mar y sacar algunas palometas, con la intención de llevar comida al refugio de la iglesia Kairos en la Guaira y ayudar a alimentar a su familia; y también a los demás refugiados.
Cuando Isaac Paniza, un fotógrafo que documentaba estos casos, le preguntó qué necesitaba, Misael no pidió juguetes; simplemente respondió que quería una caña de pescar para hacerlo más fácil y poder pescar mejor.
Días después, Isaac logró conseguirle no una, sino cuatro cañas de pescar. La reacción de Misael y de su mejor amigo Daniel fue imposible de no sentir en el corazón: ambos brincaron de felicidad.
Daniel, emocionado, le decía a Misael: “Tenemos todo, Misaaael… vámonos a pescar”.
Lo más conmovedor es que Daniel confesó que él no sabía pescar, pero que Misael le iba a enseñar. Dos niños, en medio de una situación durísima, pensando no solo en jugar, sino en aprender, ayudar y compartir.
Misael también le contó a Isaac que él le había pedido al Padre Santo: “Si es de tu voluntad, para que me regales una caña”.
Y para él, la respuesta de Dios fue clara: no le llegó una caña, le llegaron cuatro. “Dios me respondió que sí”, entendió Misael.
Los pequeños, además, demostraron una creatividad enorme. Agarraron caracoles para usarlos como carnada y así intentar sacar más palometas del mar.
Misael y Daniel tienen apenas 12 años, pero en medio de la tragedia demostraron algo que sacude: a veces los niños también ayudan a sostener a los adultos cuando todo parece venirse abajo.
Esta historia recuerda aquella frase: “Dale un pez a un hombre y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá toda la vida”.
Misael no solo pidió ayuda. Pidió una herramienta para poder seguir ayudando y eso lo cambia todo.
Créditos del video: @ipaniza en Instagram.00

