“DE LA VIDA REAL
El Sepelio de Carmencita”
“…Me vinieron a ver para ir a rezar un responso al Cementerio…
Era una mañana, una de esas tantas mañanas, de esos tantos días que uno ve pasar en la vida… “A las 11 llegaremos con la difunta…” Fuí, esperé y llegó el fúnebre… Traía un cadáver, era el de CARMENCITA… Esa mujer que veíamos todos los días en sus largas caminatas por las calles de nuestra ciudad… No había calle por la que no anduviese… Se había convertido en un personaje familiar para todos los lob. Tan familiar que todos, no se sabe porqué, la queríamos… “Chau Carmencita…” Recé el responso. Todos los que estábamos ahí pedimos a Dios que dé a su alma el descanso eterno… Estoy seguro de que Dios escuchó nuestra oración… escuchó el “Padre Nuestro” que rezamos juntos… Y fuimos hasta el lugar donde descansarán sus restos… Un lugar en la tierra, Cerca de bóvedas costosas… Yo observaba y pensaba: qué diferencia!! Tumbas costosas, ataúdes lujosos… ¡Y aquí…? Un ataud sencillo, una tumba en la tierra… Las diferencias humanas; las diferencias humanas… Allí en el Cementerio los hombres… Y dentro de los ataúdes ¿qué hay? Cadáveres… Todos iguales… Todos idénticos… La diferencia está en lo externo… Adentro igualdad, adentro identidad: son todos cadáveres con distintos envoltorios… La tierra que cae sobre el cajón donde están los restos de Carmencita… El ruido de esos puñados de tierra… El ruido de la tierra que cubre y cubre hasta tomar la forma de la clásica tumba… Yo observaba, yo pensaba, yo estaba absorto en todos estos pensamientos… Y oí el pito de un tren que pasaba… Un tren que llevaba gente… La vida que continúa, la vida que sigue… Estábamos sepultando a Carmencita, pero la vida sigue, la vida continúa… El pito del tren, el ruido de la tierra sobre el ataúd… vida y muerte, parecen lejos y sin embargo están cerca… casi juntos… Me volvía, nos volvimos todos. Cada uno a hacer lo suyo; todos tenemos “algo que hacer”… Porque la vida continúa… Porque hay que seguir viviendo… diferencias que hacemos junto a bóvedas lujosas. Descansa en paz el cadáver de Carmencita, esa mujer que ya se había hecho familiar en nuestro pueblo, esa mujer que encontrábamos en cada calle, en cada esquina, en cada lugar de nuestra ciudad…”
