Cuando los jóvenes salen a la calle, la historia vuelve a mirar.
En 1968, en México, miles de estudiantes salieron a las calles para exigir libertades, democracia y mejores condiciones para la juventud.
El 2 de octubre, en Tlatelolco, aquella protesta terminó en una tragedia que quedó grabada para siempre en la memoria de México.
Hoy, 58 años después, Francia vuelve a vivir una movilización estudiantil de gran magnitud.
Los jóvenes franceses están protestando por el deterioro de la educación pública: falta de profesores, aulas saturadas, instalaciones deficientes y un sistema educativo que muchos estudiantes consideran cada vez más desiguales. Las movilizaciones comenzaron en septiembre y el 6 de octubre cientos de miles de personas salieron a las calles en distintas partes del país.
Y en medio de esa tensión apareció una imagen que está recorriendo el mundo.
Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis y miembro de La France Insoumise, se colocó entre los estudiantes y la policía.
Extendió los brazos.
Pidió detener la confrontación.
Y terminó afectado por gases lacrimógenos mientras intentaba proteger a los jóvenes.
Pero su presencia también provocó una fuerte batalla política.
Sectores de la derecha francesa lo acusaron de alentar los disturbios. Incluso circuló un video en el que supuestamente aparecía provocando un incendio.
El problema es que esa versión fue desmentida por una verificación de TF1.
Las imágenes completas muestran que la basura ya estaba incendiándose cuando Bagayoko llegó y que él intentó alejarla de la entrada del instituto. No encontraron evidencia de que hubiera provocado o alentado el incendio.
Y aquí es donde esta historia deja de ser solamente francesa.
Porque Tlatelolco nos enseñó que cuando los jóvenes salen a las calles, no basta con mirar las imágenes del conflicto. También hay que preguntarse qué estaban reclamando.
Francia tiene hoy sus propias heridas, sus propias tensiones y sus propios desafíos.
Pero hay algo que atraviesa las décadas y las fronteras:
cuando una generación de jóvenes siente que no está siendo escuchada, tarde o temprano termina encontrando una calle para hacerse escuchar.
De Tlatelolco a Francia, la pregunta sigue siendo incómoda:
¿Qué pasa cuando un gobierno escucha primero el ruido de las protestas y después las razones que llevaron a los jóvenes a salir?
La historia no se repite exactamente.
Pero algunas preguntas sí.
Fuentes: Reuters, AP, Le Monde, RTL, Cadena SER.
Me encanta que los jóvenes están desperta donde exigiendo a su gobierno y no anden de tapaderas apoyando partidos como lo hacen en México ![]()
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