Durante décadas, millones de ciudadanos soviéticos bebieron del mismo vaso. No era una metáfora.

Durante décadas, millones de ciudadanos soviéticos bebieron del mismo vaso. No era una metáfora.

Las máquinas expendedoras de agua con gas se encontraban en calles, parques, estaciones, cines, aeropuertos y grandes almacenes de toda la Unión Soviética. En los días calurosos era habitual ver filas de personas esperando una bebida fría.

El precio ayudaba a explicar su popularidad.

El agua carbonatada sin jarabe costaba un kopek. Por tres kopeks se podía añadir un sabor dulce, como pera, manzana, crema de soda o estragón. Algunos modelos posteriores permitían escoger entre dos jarabes.

La máquina no entregaba un recipiente desechable.

Junto al dispensador había normalmente uno o dos vasos facetados de vidrio destinados a todos los clientes. Después de beber, la persona debía colocarlos boca abajo sobre una pequeña rejilla y presionar.

Un chorro de agua fría enjuagaba el interior antes del siguiente uso.

El sistema parecía práctico, barato y capaz de reducir residuos. Sin embargo, aquel breve enjuague no equivalía a lavar el vaso con detergente ni a desinfectarlo. La parte exterior y el borde podían conservar restos, y algunos usuarios recordaban haber encontrado incluso marcas de labios.

Los aparatos debían recibir mantenimiento periódico. Durante ese proceso, los vasos y componentes eran lavados con agua caliente y una solución de carbonato de sodio. Pero esa limpieza dependía de la frecuencia y del cuidado con que cada máquina fuera atendida.

Muchos soviéticos no parecían especialmente preocupados. Bebían, devolvían el vaso y continuaban su camino. Otros llevaban su propio recipiente o limpiaban el borde antes de usarlo.

Con el tiempo surgió una pregunta inevitable: ¿cómo podían tantas personas beber de un mismo vaso sin enfermar?

No existe evidencia suficiente para afirmar que nadie se contagiara. Compartir un recipiente mal lavado puede facilitar la transmisión de microorganismos presentes en la saliva o en las manos. Tampoco se conservan estadísticas que permitan saber cuántas infecciones estuvieron relacionadas específicamente con aquellas máquinas.

La ausencia de informes oficiales no convierte el método en higiénico. Solo significa que, en una época con menor vigilancia epidemiológica, era difícil identificar el origen exacto de una infección cotidiana.

Tras la desaparición de la Unión Soviética, muchas máquinas dejaron de funcionar por la inflación, la falta de mantenimiento y la llegada de bebidas embotelladas.

Hoy son recordadas con nostalgia por su sabor y su bajo precio. Pero también representan una época en la que miles de desconocidos podían acercarse a una máquina, introducir una moneda y beber del mismo vaso, confiando en que unos segundos bajo un pequeño chorro de agua fueran suficientes

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He visto que aqui en algunos bares asi lavan los vasos tambien, no se si es con solo agua

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Tambien hay unos que se pueden comprar la usar en casa jeje

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Quizás sí se contagiaban, pero como eran gente desconocida no lo asosiaban con ese vaso.

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Pero esos tienen detergente, los de Rusia no

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Probablemente asi ha sido

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Yea, vi que le puso detergente antes de poner el vaso, esos usan pa limpiar vasos en los bares

A lo mejor en los bares usan agua caliente

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