No existe en el mundo riqueza alguna que iguale el valor de un alma.
Para Dios, cada persona es un tesoro único e irrepetible.
El valor de tu alma es tan inmenso, que el mismísimo Dios se dejó crucificar por ella.
Este es el misterio más grande de amor: Jesús aceptó la Cruz, el sufrimiento y la entrega total, solo por salvarte.
No fue por multitudes anónimas, fue por ti, personalmente.
Él vio tu rostro y pensó en ti en cada latigazo,
en cada caída.
Así de importante eres para el Señor. Por eso, cuida tu alma, busca la santidad y vive en gracia.
No desprecies el precio de Sangre con que fuiste redimido.
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