+ El misterio de las 5 llagas +

Un 20 de septiembre de 1918, en la tranquilidad de la pequeña iglesia del convento de San Giovanni Rotondo, la vida del Padre Pío cambió para siempre. Aquella mañana, tras celebrar la Santa Misa, el joven fraile capuchino se encontraba en el coro arrodillado frente al crucifijo, sumergido en una profunda oración de gratitud. Lo que ocurrió en esos instantes marcó el inicio de un misterio que duraría exactamente 50 años.

​El misterio de las cinco llagas

​En sus propios escritos, el Padre Pío relató que, mientras meditaba sobre la Pasión de Cristo, experimentó una visión dolorosa pero sublime: un personaje celestial cuya vista le infundió terror y compasión a la vez. De las manos, pies y costado de aquella figura brotaron rayos de luz que atravesaron su cuerpo.

​Al volver en sí, las marcas de la crucifixión estaban impresas en su propia carne. Sus manos y pies sangraban, y en el costado izquierdo lucía una profunda herida abierta.

​"No sé decirte lo que sentí en aquel instante… Me pareció que moría y que el Señor habría tenido que darme la vida si su misericordia no hubiese sostenido mi corazón, que sentía estallar dentro de mi pecho."

​Cincuenta años de prueba y fe

​Los estigmas no fueron un acontecimiento pasajero; el fraile los llevó consigo hasta pocos días antes de su muerte, acontecida el 23 de septiembre de 1968. A lo largo de medio siglo, estas heridas generaron un intenso debate:

​Inexplicables por la ciencia: Múltiples médicos examinaron las lesiones a lo largo de las décadas. Las heridas emitían a menudo un aroma floral característico, no se cicatrizaban pero tampoco se infectaban, ni respondían a tratamiento médico alguno.

​Objeto de escrutinio: El Santo Oficio (actual Doctrina de la Fe) impuso restricciones al fraile durante años, prohibiéndole celebrar misa en público y confesar temporalmente para investigar el origen del fenómeno. Él aceptó todo bajo un estricto e impecable voto de obediencia.

​Refugio de las almas: A pesar de la reclusión, el convento se convirtió en un centro de peregrinación mundial. Miles de personas acudían a diario para escucharlo en misa y reconciliarse en el confesonario.

1 me gusta

1 me gusta