
El movimiento es mucho más que un simple acto físico;
es el interruptor biológico que enciende nuestro potencial
cognitivo y emocional.
Mientras que el sedentarismo prolongado apaga nuestra energía,
reduciendo el flujo sanguíneo y la actividad neuronal, una breve
caminata actúa como un catalizador que inunda el cerebro de
oxígeno y neurotransmisores vitales.
Al dar este paso, no solo combatimos la fatiga mental,
sino que estimulamos el hipocampo y la corteza prefrontal,
abriendo espacio para la claridad, la creatividad y el bienestar.
En definitiva, elegir el movimiento es una poderosa herramienta
de autorregulación que nos permite pasar de la quietud a la vitalidad,
reconectando con nuestra capacidad de pensar, sentir
y avanzar con propósito.![]()
![]()
Fuente: Dr. John Ratey
(autor de Spark: The Revolutionary New Science of Exercise and the Brain)