Durante años, los burros en Santorini fueron utilizados para transportar visitantes por las empinadas escaleras desde el puerto hasta la ciudad, pero el aumento del turismo y el peso excesivo de algunos pasajeros provocaron lesiones graves: problemas de columna, heridas abiertas por las sillas de montar y agotamiento extremo. ![]()
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En 2018, el Ministerio de Desarrollo Rural y Alimentación de Grecia estableció normas que limitaban el peso máximo permitido a 100 kilos o el 20% del peso corporal del animal. Entre 2023 y 2025, la medida fue reafirmada legalmente, prohibiendo que turistas con sobrepeso monten burros en Santorini y otras islas. Además, se exige que los animales tengan acceso diario a agua limpia, alimento adecuado y condiciones higiénicas, y que no se utilicen burros enfermos o heridos.
Los activistas celebraron esta regulación como un avance en bienestar animal, aunque organizaciones como Direct Action Everywhere señalan que aún queda camino por recorrer, ya que los burros siguen siendo usados para transportar cargas pesadas como cemento o electrodomésticos. Para ellos, el objetivo final debería ser liberar por completo a los burros del trabajo forzado.
Los burros son parte del paisaje cultural de Santorini, pero también seres vivos que merecen descanso y dignidad. La presión internacional y las campañas digitales demostraron que la voz colectiva puede cambiar leyes y proteger a los más vulnerables. Y la invitación es clara: reflexionar sobre un turismo responsable, elegir experiencias que no exploten animales y apoyar alternativas éticas. ![]()
