Los dientes ennegrecidos fueron considerados elegantes, atractivos e incluso un signo de madurez.

Hoy en día, los dientes blancos brillantes son ampliamente considerados el estándar ideal de belleza. Desde anuncios de pasta de dientes hasta sonrisas de Hollywood, la gente en todas partes se esfuerza por tener dientes perfectamente blancos. Pero hace siglos en Japón, los estándares de belleza eran completamente diferentes. De hecho, los dientes ennegrecidos fueron considerados elegantes, atractivos e incluso un signo de madurez.

Durante el período Edo, muchas mujeres japonesas practicaron una tradición conocida como Ohaguro, donde intencionalmente se tiñían los dientes de negro. El proceso implicó la aplicación de una laca oscura hecha de limaduras de hierro mezcladas con vinagre y taninos vegetales. La mezcla creó un recubrimiento negro brillante que se unió a los dientes y tuvo que ser reaplicado regularmente para mantener el aspecto.

Esta práctica no se trataba solo de moda. Los dientes ennegrecidos a menudo llevaban un profundo significado social. Para muchas mujeres, simboliza la adultez y el matrimonio. Las mujeres casadas, los aristócratas, las familias samurái y las cortesanas generalmente seguían la tradición, y a menudo sirvía como un signo visible de que una mujer ya no estaba soltera.

Curiosamente, el recubrimiento negro también tuvo un beneficio práctico. La mezcla ayudó a proteger los dientes de la caries y las bacterias, actuando casi como una forma temprana de protección dental.

La tradición continuó durante siglos, pero gradualmente desapareció después de la Restauración Meiji, cuando Japón comenzó a modernizarse rápidamente y adoptar las influencias de la cultura occidental. A medida que los ideales de belleza occidentales se propagan, los dientes blancos reemplazaron a los dientes negros como estándar preferido.

Hoy en día, la práctica de Ohaguro sobrevive principalmente en recreaciones históricas, teatro tradicional y actuaciones culturales. Sirve como un fascinante recordatorio de que los estándares de belleza están en constante evolución. Lo que una época considera hermoso puede parecer completamente sorprendente para otra.

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Fue costumbre, no se ve tan mal la geisha

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Que picaro eres ha ha ha

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